En Lombok muchos proyectos de restauración empiezan por el arquitecto. Hay un terreno, hay ganas y hay un diseño que ilusiona. El problema llega después, cuando la cocina no cabe, el aforo no da para pagar la inversión o la carta no encaja con la sala.
El orden que funciona es otro: primero qué abrir y para quién, después los números, después el brief. Y solo entonces, el diseño.
Primero, el concepto
Una sola ruta, desarrollada a fondo: qué propuesta, para qué cliente y a qué precio. Antes hay que leer el sitio: ubicación, flujos de gente, temporadas, competencia y los límites reales del proyecto.
Cuando hay varios socios, este paso también sirve para alinear ideas distintas en un único concepto que todos puedan defender.
Después, los números
Cuánto cuesta abrir y cuánto puede ganar. Un modelo financiero editable, listo para socios y financiadores, que fija el techo de inversión antes de que lo fije la obra.
El brief: aforo, programa y cocina
Con el concepto y los números claros, el arquitecto recibe un brief con lo que el restaurante necesita para funcionar: aforo, programa de espacios y flujo de cocina.
La cocina es donde más se equivoca un diseño hecho sin brief. Como referencia, la zona de producción con almacén seco y frío necesita entre el 40 % y el 50 % de la superficie del comedor. Para un comedor de 70 comensales, hablamos de 35 a 45 m².
La memoria operativa
Carta, plantilla, cocina y sala, por escrito. Es el documento con el que presupuestan los contratistas y el que evita sorpresas en mitad de la obra.
Lo que llevan los profesionales locales
Las licencias, la obra y la contabilidad local las llevan profesionales locales. Nosotras coordinamos con ellos para que el proyecto llegue a la apertura tal como se diseñó.
